domingo, 20 de diciembre de 2009

CRÓNICA DE UNA PASIÓN AMERICANA

Si bien nació en Buenos Aires, Joaquín Ezequiel Linares (1927-2001) adoptó como destino vital al tumultuoso corazón cultural del noroeste argentino, imaginando y produciendo allí su obra sustantiva. La dimensión de su impulso creativo afianzó el prestigio del polo tucumano dentro del ámbito de las artes visuales latinoamericanas. Linares fue un artista de sentimiento nacional y americano que supo dotar su producción de una perspectiva cultural continental.

"Linares ocupa un espacio de excepción dentro del horizonte del arte argentino y latinoamericano del siglo XX, espacio determinado por varios y gravitantes factores: el don de una creatividad prodigiosa, una definida conciencia de pertenencia y una obra de sostenido nivel y fecunda extensión", dice el arquitecto Alberto Petrina, gran conocedor de la obra del artista. Y añade: "Y conviene señalar desde el vamos que la suma de tales virtudes no resulta frecuente entre nosotros, por lo que no es sencillo rastrear a los posibles pares de Linares. Berni, Gambartes o Spilimbergo dan con la medida, y quizás haya algún otro que, de momento, no nos viene a cuento (…) No erraremos por mucho si buscamos la principal razón de lo anterior en la elección de vida que asume Linares al alejarse de Buenos Aires y establecerse definitivamente en Tucumán, ya que tal suele ser la suerte reservada en nuestro país a quienes deciden prescindir del Puerto, sea por voluntario alejamiento o –en caso de haber nacido fuera de sus límites– por evadir una oportuna concurrencia a la Corte".

Es el mismo Linares quien decide reinventar su propia biografía: “En Tucumán (…) tuve, por cierto, mi destino de artista latinoamericano. Ese ‘Macondo’ de nuestro país me hechizó de tal manera que olvidé todo en él, me sumergí en esa fiebre de tierras calientes y exuberancia vegetal, de historias creíbles e increíbles –pero todas ciertas– que esos pueblos poseen. Fue como un nuevo nacimiento a un mundo fascinante”.

El artista es convocado por la Universidad Nacional de Tucumán para hacerse cargo de la jefatura de la Sección Pintura del Departamento de Artes. Es importante resaltar que "entre 1946 y 1952 la Universidad de Tucumán alcanza un nivel de eminencia académica que la proyecta internacionalmente, y que no volverá luego a recuperar. Tal logro será producto directo del ilustre rectorado del doctor Horacio Descole, no siendo ajenas al mismo las previsiones que el Primer Plan Quinquenal del Presidente Perón destinaba a Tucumán como cabeza del NOA, y aun como centro de irradiación económica y cultural para la circundante subregión sudamericana (norte de Chile, Bolivia y sur de Perú). Aparte de la evidente intencionalidad moderna del programa total –que incluía una Ciudad Hospital en Horco Molle y una Ciudad Universitaria en San Javier, inconclusas desde el golpe de Estado de 1955–, lo más destacable será el rango artístico e intelectual de los hombres llamados a integrar las Escuelas de Artes y Arquitectura (…) Debido a aquella decidida actitud de discusión, enseñanza y práctica de las diversas corrientes modernas, Tucumán se convertirá en el polo neurálgico y vital del arte y de la arquitectura sudamericanos de la época. Éste será, pues, el escenario al que arribará Ezequiel Linares en 1962, y ésta la breve y fulgurante prosapia de una institución a la que, como anticipáramos, él permitiría alcanzar un póstumo y magnífico destello de calidad, antes de su hundimiento en una prolongada decadencia", destaca Petrina.

"De eso se trata, pues, y no de otra cosa: de la inmersión en el corazón del 'continente mestizo', del abandono espiritual, intelectual y físico de Linares a aquella categoría del simple 'estar, no más', sobre la que Rodolfo Kusch basaría la fábrica entera de su pensamiento: 'Vivir nuestra verdadera vida en América y asumir el momento oscuro de nuestra semilla, (…) en el misterio de ‘estar no más’, codo a codo con los dioses, en esa vegetal y pétrea América'."

Luego de un breve paso por México, "Linares se interna en un viaje sin retorno hacia la figuración monumental del muralismo de Diego Rivera (…). Pero, ¿es que se trataba de una mera opción personal? No es posible reducirnos a eso, cuando la propia obra expone sus razones: la deslumbrante luz de Anáhuac le impone otra paleta; el rescatado esplendor precolombino le dicta nuevos argumentos; la Revolución triunfante le señala el deber de reescribir la historia en las ágoras públicas, sin exceptuar los mitos y con un lenguaje que pudiese ser 'leído' y asimilado por todos, intelectuales y analfabetos, señores y mendigos".

Ha pintado series geniales. La primera es la del Virreinato del Río de la Plata, en la que reinventa una memoria febril de la Colonia. Le siguen el Neovirreinato, con personajes que han degenerado hacia conductas y cuerpos absolutamente expuestos; las del Tango, las Termas y las Casas de la Turca, que conjugan costumbrismo con morbidez y perversión. Entre 1980 y 1984, el artista pinta en Madrid, donde surgen maravillas como la serie del Circo. Como subraya Petrina: "Las virreinas, los artistas del circo, los generales, las putas, los tangueros, las flores y las junglas se sucedían en un desfile deslumbrador y alucinante. La hospitalidad regia de Linares nos hacía el espléndido regalo de un fantástico fresco americano, de una visión que fundía el tiempo en un instante mágico".

El crítico Julián Kreimer apuntó en 2002: “Suena extraño que en los últimos años la mayoría de los artistas en Argentina se muestren preocupados por limpiar sus manos de cualquier suciedad que pudiese marcar sus obras como latinoamericanas, y mucho menos como argentinas”. Agrega Petrina: "Aunque en aquella ocasión (Kreimer) oponía a Daniel Santoro como ejemplo de una actitud contraria a la citada, su reflexión viene perfectamente a cuento para ser aplicada a todos aquellos que, como Linares, acometieron la empresa de expresarse con una voz propia, independiente y alternativa a la de los centros emisores internacionales".

"Si lo pensamos bien, el recorrido mismo simboliza la tarea a la que Ezequiel Linares dedicara su vida: esa apasionante travesía cultural que él plasmara en su obra polifónica, y que ahora retorna en esta itinerancia luminosa que se adentra hacia el Norte, hacia ese otro país que se recoge en dulces sierras y herméticas montañas, que se abre en cejas de selva lujuriosa y araña el cielo más transparente de América. Aquí llega Ezequiel para medirnos a través del temblor de sus criaturas; aquí nos suelta el soplo de su genio, tan leve como un pájaro y tan raudo como un tigre; aquí marca su cita quien bien supo, como tan bellamente lo dijera Quevedo, 'tras arder siempre, nunca consumirse'”, concluye Petrina.

En el Museo Sívori (Av. Infanta Isabel 555, frente al Rosedal) se expone una antológica de la obra de Linares, que permanecerá abierta hasta el 7 de marzo. Durante 2010 la muestra –que cuenta con curaduría de director nacional de Patrimonio y Museos, Alberto Petrina, y de la directora de Artes Visuales del Ente Cultural de Tucumán, Claudia Epstein– será exhibida también en los museos Provincial de Bellas Artes “Timoteo Navarro” de San Miguel de Tucumán, Provincial de Bellas Artes “Emilio Caraffa” de Córdoba y Provincial de Bellas Artes de Salta, así como en CULTURARTE de San salvador de Jujuy.

Pipo

2 comentarios:

la húngara dijo...

Muy buena nota, como siempre un placer leerlo compañero!

Anónimo dijo...

Conozco la obra de Linares y es bueno que se lo ponga en el lugar que se merece. También es importante lo de Tucumán como polo cultural en èpocas del general peron. Buen blog compañero!

Un abrazo y felices fiestas
Héctor