lunes, 7 de diciembre de 2009

EVA PERÓN: DÍAS COMO FLECHAS

Aparentemente, los periodistas Roberto Vacca y Otelo Borroni nacieron siameses, fueron separados al nacer pero, por algún fenómeno indescifrable, continuaron pegados por el resto de sus vidas. Los conductores del ciclo televisivo La aventura del hombre durante los años 80/90 trabajaron juntos también durante los 60/70 en la amarilleja Siete Días, donde tipiaban notas a cuatro manos en la misma Remmington, con sendos diplomas Pitman bajo sus respectivos sobacos.

Más allá del dislate, Vacca y Borroni publicaron una extensa nota en 1969 sobre los últimos días de Eva Perón, de la que vale la pena rescatar algunos testimonios de su manicura, Sara Gatti, y de su asistente personal, Irma Cabrera de Ferrari:

El 19 de julio de 1952, “Sara Gatti (51, soltera, manicura personal de Eva Perón) atendió por última vez en vida a su encumbrada cliente. Este es su testimonio inédito: ‘Cuando llegué a la residencia un mundo de gente rezaba en los alrededores. Muchos se habían arrodillado en plena calle, a pesar del frío, y el murmullo de las oraciones era impresionante. Irma, la mucama, me avisó ese mismo día que llevara el esmalte
transparente. Eso fue un mal augurio, y yo presentí que el final se acercaba. Sentada a la derecha de la cama, entre ella y el soporte del suero que le aplicaban desde hacía un tiempo, tomé su mano izquierda. Tenía dedos largos, uñas almendradas, chicas, fuertes. Le temblaba el pulso. Observé que no lucía joya alguna, excepto la alianza matrimonial. Tomé el frasco de esmalte color Queen of Diamonds, de Revlon, y comencé mi trabajo. Tardé media hora. Mientras le hacía las manos llegó el general a saludarla y le dio un beso. Cuando terminé le arreglé la cama. La sábana y el cubrecama eran blancos, como los que usan en los hospitales. El domingo 20 amaneció lluvioso. Al mediodía el presidente recibió el diagnostico de dos especialistas alemanes especialmente llegados para revisarla (`La muerte es inminente`, coincidieron) y solicitó al padre Benítez que ‘prepare a los trabajadores –en esos momentos congregados frente al Obelisco porteño, asistiendo una misa impetratoria organizada por la central obrera– para recibir la noticia'".

“La manicura Gatti fue quizás la única persona que escuchó de Evita palabras de resignación ante el inevitable fin. ‘El viernes 25 –relató a Siete Dias la semana pasada– la señora me mandó llamar. Cuando llegué a su habitación, Eva, tomando de la mesita de luz una pequeña cajita azul, me la entregó. Cuando la abrí, observé una medalla de oro con su rostro grabado. Al dorso se leía: ‘Eva Perón a Sara Gatti, 1952’. Cuando levanté la vista, Evita me dijo: ‘Úsela como recuerdo mío en su cadena’. Luego se incorporó y tosió. ‘Estoy muy mal, Sarita’, gimió. Tenga paciencia, señora; se va a poner bien dentro de poco, la consolé. No... ya no, me disuadió resignadamente. Conteniendo mis lágrimas, busqué un pretexto y me fui de la habitación. Ya no la vería más con vida. Hasta allí llegaba un lejano murmullo que los cortinados no lograban atenuar. Afuera, la gente rezaba’.” (…)

“Irma Cabrera de Ferrari (47, un hijo), la mucama que acompañó a Eva desde los primeros tiempos, recuerda con fidelidad la jornada del sábado 26 de julio: ‘Cuando llegué a las siete de la mañana ella ya estaba despierta, esperando al joyero Ricciardi, que debía llevarle unas alhajas de obsequio. Recuerdo que lo hicimos esperar en la biblioteca y luego postergamos la audiencia para más adelante. También llegaron dirigentes del Partido Peronista Femenino, a los que entregó recuerdos personales (una pulsera, varios anillos, un par de aros). Hasta las 10 de la mañana estuvo recibiendo gente. Por momentos, a solas, evocó su infancia: ‘Nunca estuve conforme con esa vida; por eso me escapé de casa. Mi madre me hubiera casado con alguien del pueblo, cosa que yo jamás hubiera tolerado’. También me dijo que una mujer decente se lleva el mundo por delante, y rezamos juntas.” (…)

“A las 11 de la mañana, ya grave, sus familiares la rodeaban. Uno de ellos –que prefiere permanecer anónimo– recuerda sus últimas palabras: ‘Me voy a descansar. Eva se va... Eva se va’. Antes de cerrar sus ojos alcanzó a mirar a la madre y murmuró: ‘La Flaca se va...’. Y se durmió.”


Fuente: http://www.magicasruinas.com.ar/

Pipo

2 comentarios:

la húngara dijo...

Mi sentido reconicimiento a todas las Saras e Irmas, testigos de la historia. Muy buena la nota!

Anita M. dijo...

Excelente nota, Pipo hay que agregar una opcion para suscribirse al blog a ver cuando podes!