jueves, 28 de enero de 2010

SIEMPRE PUEDE SER PEOR

Qué día, gratas. ¿Puede haber algo peor? Claro, siempre puede haber algo peor. Por ejemplo, si a este terrible calor le agregamos una potente resaca. De cualquier manera, más allá de todo, la jornada se presta para entrarle a la cerveza en abundancia.

En esta empresa debemos ser estrictamente dogmáticos: en el caso de la cerveza rubia, la norma indica que, cuanto más liviana y menos amarga, más fría se sirve. La temperatura ideal es entre 5º y 8º. Respecto de la cerveza oscura, cuanto más compleja, densa y tostada, una mayor temperatura permitirá encontrar sus rasgos peculiares. Se bebe a entre 9º y 15º. Una cerveza ale inglesa oscura clásica jamás se bebe fría. No es nuestro caso: el día es ideal para tomar del pico, al reparo de “la fresca”, bien helada y sin contemplar pelo ni marca.

Y hablando de cervezas, vale detenerse un segundo en aquel poema de don Raúl González Tuñón, uno de los más grandes poetas que ha dado esta tierra, titulado La cerveza del pescador Schiltigheim:

Para que bebamos la rubia cerveza del pescador Schiltigheim.

Para que amemos Carcassone y Chartres, Chicago y Quebec, torres y puertos.

Los blancos molinos harineros y la luz de las altas ventanas de la noche

encendidas para los hombres de frac y para los ladrones.

Y las islas en donde los Kanakas comen plátanos fritos y bajo el sol

y bajo las palmeras, entre ágiles mulatas suenan los ukeleles.

Islas, dije, las islas, soles rojos, platillos para Darius Milhaud.

¡Tener un corazón ligero! Vale decir, amar a todas las mujeres bellas.

Y una moral ligera, vale decir, andar con gitanos alegres

y dormir en un puerto un ocaso cualquiera y en otro

puerto y otro

y andar con suavidad y con desenvoltura de fumador de opio.

Para que a cada paso, un paisaje o una emoción o una contrariedad

nos reconcilien con la vida pequeña y su muerte pequeña.

Para que un día nos queden unos cuantos recuerdos:

decir, estuve,

estuve en tal pasión, en tal recodo. Estuve, por ejemplo,

en la feria de Aubervilliers una mañana, con un trozo de asado,

una amistad tranquila, la mesa clara, el perro, el buen hablar

y afuera, las verduleras de París chapoteando con los zuecos en la nieve.

Para que bebamos la rubia cerveza del pescador Schiltigheim

es necesario no asustarse de partir y volver, camaradas.

Estamos en una encrucijada de caminos que parten y caminos que vuelven.

SALUD

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Grande RGT!!! No se si el mejor poeta, pero seguro el mas representativo de aquella vanguardia. Poesia que nacio entre payasos, putas, obreros y viajes. Tuñón le puso 'gatillo a la luna'.
Relerlo y recordarlo con una buena cerveza es nuestra obligacion.

Pichu

Anita M. dijo...

Pibe, sabrá usted que cuando Liderazgo Cristina ha tenido oportunidad en sus múltiples andanzas detrás de Iron Maiden tuvo la oportunidad de andar bastante por Alemania descubrió 3 cosas: Que en Deutchesland paga andar con la camiseta Argentina como en nigún otro lado del mundo (las razones las dejo a la interpretación personal), que a un argentino en Alemania siempre habrá un policia que le de una mano, y que la cerveza (que se toma en absolutamente todos lados) se toma natural! prost!

pibeperonista dijo...

Pichu, nada más lindo que leer a Tuñón, la edición antológica de Losada es cuasibíblica. Otra cosa: ese poema fue muy bien musicalizado y grabado por el Tata Cedrón. Un abrazo

Anita: su avezada experiencia viajera modifica sustancialmente el dogma: Alemania, cuna del brevaje. Habría que poner en autos al sommelier Marco Lucioni. Acá la hemos acriollado y la embuchamos bien helada, sobre todo en un día como éste.
Beso

Pibe