miércoles, 24 de noviembre de 2010

PERÓN FUMADOR

Como ustedes saben, éste es un blog fumador. Peronista y fumador. El caso es que escuché el otro día, o me pareció escuchar, en el programa de la Vieja Decrépita a un tal Jorge Elías, autor del libro “El poder en el bolsillo”, decir que Perón llevaba sus cigarrillos “Particulares sin filtro” (¿los verdes o los de albañil?) en la faltriquera. Ahora parece ser que no, que alguien se los alcanzaba de a uno. Sinceramente, ese libro me importa un carajo (¿la edición será de bolsillo también? hey-ho). Sólo me interesa saber qué cigarrillos pitaba el Líder. La respuesta es que Perón, como cualquier mortal, fumó primero lo que le gustaba, luego lo que conseguía y finalmente lo que podía. Así lo revelan distintos escritos:

Roberto Galán: “Perón enamoraba a las mujeres, a los hombres... Recuerdo que me convidó con cigarrillos –yo también fumaba Particulares livianos– y nos dijo: ‘Adelante muchachos, ¡háganlo!’” (“No me olvides”, por Liliana Garulli y Antonio Cafiero).

El hijo de Antonio Pérez (fotógrafo oficial de Perón): “Solía hacer varios kilómetros por los alrededores o hacia el Tigre, dejaba ‘pagando' a la custodia y aprovechaba el momento para fumar un paquete de cigarrillos. El general fumaba Pall Mall, aquel famoso y jerarquizado cigarrillo de procedencia norteamericana, pero lo dejó tiempo después para dedicarse a gozar del tabaco negro. Y se acostumbró a pitar Particulares negros. Durante la primera y segunda presidencia, el líder –la realidad es imposible cambiarla– le pedía a mí padre, que era su fotógrafo oficial desde las 16 horas en adelante, todos los días, estos últimos cigarrillos. Cuando lo veía, le decía con todo cariño: ‘Gordito, dame un negro’. Y permanentemente lo ‘mangueaba’. En cierto momento mi viejo le comentó: ‘Pero general... usted fuma rubios (Pall Mall)’, a lo que el tres veces presidente respondió: ‘Sí; pero me satisfacen más los negros y aún más los Particulares”. (“Una muerte que dolió mucho”, diario Crónica, 29/06/08).

Periodista de revista Panorama: “Perón se sienta en un escritorio, entre pilas de cartas y de diarios, pide café o mate cocido y se cuelga de los labios un cigarrillo Jockey (…) Durante toda la conversación seguirá prendiendo uno cada veinte minutos con los fósforos ‘Ranchera’ que tiene a mano. O bien apaga el cigarrillo y sale al parque que rodea su casa, y se detiene ante los robles y nogales que ha plantado él mismo, mientras, a cada rato, acaricia a sus dos caniches, que lo siguen por todas partes”.

Leonardo Favio: “En un momento el General le pidió un cigarrillo al guardia que le tenía el atado, porque el atado siempre se lo tenía un guardia que le daba a horario los cigarrillos. Creo que era uno a la mañana, después del desayuno, otro después del almuerzo, otro a la tarde y el último después de la cena. López Rega se acercó, y le dijo: ‘General, usted ya se fumó el de la tarde’. Se ve que le marcaba de cerca los cigarrillos. ‘No, Lopecito –dijo Perón–, si es para la gilada. ¿No ve que me están haciendo fotos? El cigarrillo es para que no piensen que estoy chacabuco. ¿No vio que andan diciendo que estoy chacabuco?’” (“Pasen y vean. La vida de Leonardo Favio”, por Adriana Schettini).

Domingo Antonio Raso (el hombre que cuidó a Perón): “Cuando era presidente, ya no en la casa de Gaspar Campos sino en la Quinta de Olivos, se despertaba a las seis de la mañana, tomaba mate con bombilla o mate cocido con tostadas, fumaba un cigarrillo Kent (tres por día: uno en el desayuno, otro en el almuerzo y otro en la cena), y a las siete y media ya estaba en la Casa de Gobierno”. (“La vida de Domingo Antonio Raso”, por Daniel Riera).

Hijo de Antonio Pérez: “Sucedió un hecho inusitado. De pronto Juan Perón se detuvo en una de las esquinas de su ronda, se dio vuelta, metió la mano en el bolsillito interior de su saco cardigan y sacó un puchito de cigarrillo. La sorpresa fue total. Encendió el breve tabaco y a la par comentó, ante nuestro asombro y sabiendo que algo debía decir: ‘Y, lo que pasa es que Isabelita no me deja llevar más de cinco cigarros en el atado y entonces me guardo los puchitos en el bolsillo’”. (“Una muerte que dolió mucho”, diario Crónica, 29/06/08).

Como sea, lo bueno del General es que se los fumó a todos: a los gorilas, a los tibios y hasta a sus propios alcahuetes.

7 comentarios:

El Turco Turquestán dijo...

Precioso el posteo, Pibe. ¡Cómo me gustaba fasear!

nilda dijo...

bello post, al final la vieja Mirtha lo inspiró.
Ud. deje de fumar, tiene pibe chico, encima de padre jovato, enfermo de los fuelles???? no haga como su idolo calamar cantor de tangos, afloje macho ....

nilda dijo...

bello post, al final la vieja Mirtha lo inspiró.
Ud. deje de fumar, tiene pibe chico, encima de padre jovato, enfermo de los fuelles???? no haga como su idolo calamar cantor de tangos, afloje macho ....

Pensála bien, hermano! dijo...

genial, cumpa. Yo fui fumador, ya no lo soy más, pero me parecio ghenial por lo espontáneo...un abrazo

profquesada dijo...

Hermoso post. Entrañable. Me hiciste recordar cuando iba al secundario y fumaba particulares rojos, sin filtro y cortitos. ¡que cigarritos! ¡bien de macho!
Me parece que a los que nos gusta escribir o pensar (El General hacía ambas cosas muy bien)nos cuesta más dejarlo que a los que llevan una vida más "aeróbica". A algunos de nosotros también nos gustan más los gatos que los perros. Los puchos, dicen, te tapan y los gatitos te rompen los muebles. Son los costos que hay que pagar para darse los gustos. un abrazo fraterno.

Alfredo dijo...

Hola hoy a la mañana en el programa de Miguel Angel de Renzis justo hablaron de este tema. Y citaron una anécdota en que, efectivamente, Perón pide un cigarrillo y uno de seguridad se lo da.No citaron la marca, pero sí que era un importado (quizá Chesterfield o Pall Mall)a lo que Perón le dijo:"yo fumo también de éstos, pero los meto en un atado vacío de Particulares".-

Anónimo dijo...

Amigo tambien fuma Benson y Hedges Largos