martes, 15 de noviembre de 2011

PAÍSES DE CUENTO

2001 - 2011. Europa, América, Argentina. Cuento y relato en la historia

Por la compañera Lidia Henales Erausquin

Daniel Santoro, "Civilización y barbarie"

Mucha gente piensa en los países europeos como lugares casi perfectos donde la armonía y la elegancia son bien representadas por su arquitectura y sus bucólicos paisajes. Países de los que provinieron los padres o abuelos de muchos argentinos frente a los que siempre han sentido admiración y no terminan de creer, que en este momento, vivan una crisis de la magnitud que nos muestran las noticias. Hacía una década que yo no estaba en España, Suecia y Alemania, una década extraordinaria para esos países y para Argentina. La última vez que había viajado al continente donde tuve que exiliarme alguna vez, Europa relucía y aquí se vivían las vísperas de la crisis del 2001. Este viaje de 2011 me produce algunas reflexiones que quiero compartir, porque las fechas de esos largos viajes, son especialmente ricas de significado. En 2001, por ejemplo, en Suecia, me golpeó emocionalmente ver la pérdida de muchas de las cosas que alcancé a conocer y que constituían el ejemplo máximo de Estado de Bienestar que se ha dado. Yo sabía que el modelo socialdemócrata había transigido, que se habían aplicado las políticas del neoliberalismo y que muchas cosas habían cambiado. Desde principios de los 80, más concretamente después de ese hito que significó el asesinato de Olof Palme, la socialdemocracia había ido retrocediendo, y en 2001 ya se había ido desmontando ese cuento de hadas convertido en realidad que tuve la fortuna de conocer.

Ese mismo año, 2001, me encontré con una España “esplendorosa”, espectacular. De aquella España gris, recelosa, con mucha gente poco desconfiada y poco instruida que yo había conocido poco después de la muerte de Franco, parecía no quedar mucho a comienzos de este milenio. En las calles de Madrid la gente vestía de tal modo que parecía recién salida de un escaparate, la sensación de prosperidad era la impronta de esa ciudad. La seguridad y sofisticación adquiridas por antiguos conocidos universitarios me dejaba atónita. Si bien yo había advertido algo o mucho de esto en la autosuficiencia de los cuadros del PSOE a principios de los 80, estos españoles exitosos del 2000 me impresionaban. No tenían tampoco que ver con los jóvenes que se lanzaban con desenfreno a experimentar todo lo prohibido por los 40 años de Franco, la Iglesia y las familias. Hablaban como si fueran franceses y viajaban por todo el mundo. Madrid era una fiesta y una parte de España también. No sucedía lo mismo en 2001 en el País Vasco, donde la prosperidad económica era aún mayor pero estaba atravesado por el conflicto, con ETA activa y unos partidos mayoritarios (PP y PSOE) que sólo se ponían de acuerdo en negar toda posibilidad de la izquierda nacionalista. La izquierda abertzale. Justamente, la cuestión vasca fue una de los dos grandes temas por los cuales la comparación 2001-2011 me ha resultado tan impresionante. Hace más de dos años que ETA no lleva a cabo acciones armadas y en 2010, Bildu, partido de la izquierda nacionalista, después de años luchando para que se le permitiese presentar a elecciones, lo logró con tanto éxito que ganó la alcaidía de San Sebastián y unos cuantos ayuntamientos más. Hace unas semanas la izquierda abertzale consiguió otro triunfo al reunir una Comisión mediadora con grandes personajes de nivel internacional, algo que en Madrid pretendía ignorarse en los medios de comunicación de una manera que me pareció hasta infantil. Días después vino el comunicado de ETA anunciando el abandono definitivo de la lucha armada.

La histeria de los principales dirigentes de ambos partidos (PP y PSOE) era notable, tratando de adjudicarse el “triunfo sobre la banda terrorista” mientras los partidos vascos, incluidos los referentes locales de PP y PSOE tomaban el hecho de manera muy distinta, con mucho cuidado y calma. Ellos saben que hoy en día los nacionalistas vascos, de derecha y de izquierda, constituyen la mayoría. Saben, por ejemplo, que los dos grandes partidos de España debieron unirse para poner al lehendakari, porque el relato sobre el terrorismo y el miedo al mismo era uno de los pilares fundamentales de la unidad española. El otro es el fútbol.

El otro gran tema por el cual la comparación 2001-2011 en España fue impresionante fue, por supuesto, la situación económica, la crisis y sus efectos sobre las personas. Los resultados de la crisis no se manifiestan igual en todas partes de España. Se hace muy patente en Madrid, por la disminución de clientela en los lugares adonde concurría la clase media del 2000. Ciudad (y Autonomía) de derecha, donde gobierna el PP desde 15 años, el tradicional modo de ser se ha profundizado hasta una llamativa agresividad en el trato cotidiano. Hay realidades duras a la vista de todos. Por ejemplo, la impresionante oferta de prostitución de todo tipo, en cualquier parte y a cualquier hora. También impresiona que tantos madrileños tengan la convicción de que esto se arregla echando a los “sociatas”, con Rajoy aplicando un plan típicamente neoliberal. Aunque esta palabra (neoliberal) sólo la usen los indignados universitarios. No está en el léxico del español medio la palabra ni el concepto en su cultura política. El relato predominante es que Zapatero ha sido un inútil, que en el PSOE hay mucha corrupción, que hace falta volver a los tiempos de orden y que los inmigrantes son un problema principal porque han llegado para quitarles lo que es de los españoles. Más o menos rudamente, es la argumentación que hay que escuchar tanto del camarero del bar como del presentador de las muchas cadenas televisivas que responden al PP. Prácticamente toda la TV privada que se ve en Madrid machaca sobre estos temas y eso es lo que consume la gente cuando no está mirando unos programas que me hicieron pensar que los de Rial, Polino y Lucho Aviles son serios y de buen nivel. La llamada “telebasura” me sorprendió también en Andalucía (porque allí también puse la tele) y me han dicho que junto al fútbol y los programas sobre juicios y crímenes dominan la pantalla peninsular. Nada que nos sorprenda mucho.

Una Andalucía que ha prosperado y donde se observa mucho más calma y bienestar, es la contracara de Madrid. El cultivo de olivos y la fabricación del cada vez más preciado y exportado aceite de oliva, ha sido decisiva para los cambios que se observan en esta autonomía. Tiene la suerte de ser centro de la gran “industria” española: el turismo. Sector que seguramente no sufrirá una merma apreciable. Tampoco el aceite y las aceitunas, con lo cual la baja población andaluza está relativamente bien y algunas ciudades se ven ricas y, sobre todo, cosmopolitas. Barcelona parece un lugar expectante, no sabiendo muy bien qué hacer con todos esos edificios inmensos y vacíos que ha construido, pero con clara evidencia de que en esa región (lo mismo que en el País Vasco) la prosperidad es de larga data. Sin embargo, la crisis ha afectado a Catalunya en un aspecto que es típico de la crisis: el racismo, la subestimación de otros pueblos y regiones. Un ejemplo han sido las declaraciones del presidente de Cataluña, Artur Mas, quien afirmó que a gallegos, andaluces y extremeños no se les entiende cuando hablan en castellano (en una polémica sobre el idioma catalán en las escuelas). En la misma línea elitista, Josep Duran i Lleida, cabeza de lista de CiU (derecha nacionalista) dijo que los agricultores del sur viven de los subsidios mientras que Catalunya tienen una agricultura “productiva”. La xenofobia y los prejuicios florecen en Europa. Y eso nos lleva al centro del tema.

Estuve también tanto en 2001 como en 2011, en Alemania, país de cuento si los hay, con sus castillos y sus maravillosos paisajes. País del centro de Europa, cada vez más central. Esa centralidad germana se nota mucho más ahora. Especialmente en la agitación de los lugares donde se puede ver a los hombres de negocios, la abundancia de la oferta de todo tipo, el discurso reiterado sobre valores y éxitos nacionales y la distancia abismal entre locales y extranjeros. La vida cotidiana no está afectada por la crisis. Sólo hablan de ella los que dicen estar “cansados de pagar la ineficiencia de los griegos y otros semejantes”. Nadie sabe o dice saber de las reparaciones de guerra que Alemania nunca le pagó a Grecia, así como nunca se habla del Plan Marshall. Alemania parece sufrir de amnesia crónica. Hacer negocios, sacar ventajas, caiga quien caiga, es una parte importante de los valores de la educación germana tanto como el respeto al esfuerzo y la perseverancia. Impregna la literatura escolar, se afirma en el nivel universitario. Conforma la idiosincrasia de estos tipos frecuentemente altos y rubios.

Otros tipos que se les parecen en el tipo físico (incluso más altos y rubios) son los suecos, quienes de verdad no se dejan impresionar por nadie y parecen muy distendidos si una los encuentra en un aeropuerto alemán. Esta gente, a la que conozco por años de convivencia, mantiene la impertérrita fe en sí misma que la caracteriza, mirando un poco condescendientemente a ese continente que siempre está convulsionado por guerras (en las que los suecos no intervienen) o crisis estruendosas. Creo sinceramente que vivir con ese clima despiadado les dio una mentalidad que los preserva de los avatares del “continente”. La verdad política es que ni la izquierda ni la derecha sueca se han creído lo de la Europa unida. Entraron en la UE pero no tienen euro y no los acucia la deuda. Como los noruegos, sus antiguos hermanitos pobres, ahora enriquecidos gracias al petróleo, siguen viviendo austeramente. Los suecos se vieron obligados a aceptar ciertas formalidades exigidas por los amigos alemanes y entraron al club de la UE. Pero… no dejaron su moneda, no dejaron crecer la deuda. La cautela escandinava primó y ahora miran la crisis por TV. Pero no todos son aciertos en Suecia. Ya cuando viajé en 2001 noté que, en menos de 20 años, había abandonado mucho de aquello que alguna vez la había convertido casi en un paraíso social y había pasado a ser un país casi “normal” con estratificación social basada en diferencias enormes en la distribución del ingreso y una incorporación súbita de inmigrantes que sirvieron para bajar los salarios y que ya entonces se veía que estaban con enormes dificultades de integración.

Diez años más tarde el panorama social es triste. Los ghetos de inmigrantes no sólo son cerrados, son peligrosos para todo aquel que no pertenezca a ellos, la escuela no alcanza a integrarlos, los docentes de los barrios donde viven esos grupos de inmigrantes están desalentados y cuentan cosas que asustan mucho. El país lleno de lagos y bosques no se parece a un país de cuento.

A esta altura, tal vez yo tenga que señalar la diferencia entre cuento y relato. Esta última palabra se usa mucho ahora en las Ciencias sociales y yo diría que el relato es fundamental en política. Si no se encuentra un buen relato no se consolida un proceso, una causa. El relato puede estar basado en verdades, hechos comprobables por la gente y entonces perdurará a pesar de las adversidades (como el del primer peronismo que sobrevivió a 18 años de proscripción y muchas cosas terribles pero se mantiene sin mayores cambios) o estará basado en aseveraciones falsas y será dominante durante un tiempo históricamente más breve. No obstante, un relato que sostiene falsedades, si está basado en intereses que se mantienen, sufrirá modificaciones pero mantendrá su esencia. El relato antiperonista ha cambiado mucho desde 1956 porque ya nadie puede justificar fusilamientos, ni contar barbaridades obre Perón y Evita, pero perdura hasta hoy en su esencia. La lucha por el relato que va a perdurar se da ahora en España respecto de la decisión de ETA de abandonar las armas, la mediación de líderes internacionales, que quería ser ignorada. Zapatero lo dijo claramente: que no quede el relato de que fueron los etarras los que consiguieron la paz.

Quiero decir que para hablar de relato y cuento no me baso en teoría alguna. Simplemente tomo las definiciones del diccionario de la Real Academia, que sirven de mucho. Con respecto a relato dice que éste es: 1) conocimiento que se da, generalmente detallado, de un hecho; 2) narración, cuento. Ahí, en la segunda acepción, parece que se confundieran los términos pero no es así, en realidad. Cuando uno busca “cuento” en el Diccionario aparece lo siguiente: 1) relato, generalmente indiscreto, de un suceso; 2).relación, de palabra o por escrito, de un suceso falso o de pura invención; 3).narración breve de ficción; 4) embuste, engaño; 5) chisme o enredo que se cuenta a una persona para ponerla mal con otra; 6) quimera, desazón.

La Argentina es un ejemplo muy claro de la importancia del relato en la constitución de la nación y en la afirmación de sus opciones políticas. El relato fue fundamental para amalgamar al aluvión inmigratorio que recibió Argentina entre 1870 y 1930 aproximadamente. La educación fue una herramienta maravillosa para construirlo y afirmarlo, como ya he dicho en artículos anteriores. Una de las funciones principales de la escuela fue esa: generar un relato que hiciera argentinos a los hijos de españoles, italianos, judíos del Este europeo o “turcos” venidos de Siria y El Líbano. Las efemérides, tan vilipendiadas en los últimos tiempos, tenían un valor didáctico fundamental. La educación vinculada al trabajo tiene su propio relato vinculado a la industrialización, los valores nacionales, la soberanía, y por eso fue tan atacada en los años 90. La educación es fundamental para la construcción de esos relatos (no cuentos) que sostienen y acompañan el devenir de los cambios políticos, económicos y sociales. Pero no sólo en las clases de Historia, que están tan devaluadas, sino en todos los valores que se transmiten en la escuela y en los medios de comunicación. Hoy en día, creo, toca meter actuar lo más difícil, que es lo intangible, lo que está dentro de la cabeza de los maestros y profesores. El campo de los conocimientos, de la formación y el perfeccionamiento, del Posgrado. Y no para llenarles la cabeza de cuentos como se intentó con las “Reformas” de los 90 o como se hace aún ahora en los lugares donde se forman los docentes, sino para que podamos lograr en ellos un pensamiento crítico basado en conocimientos serios, que los saque, además, del desaliento.

Hoy en Argentina conviven dos relatos antagónicos: el del movimiento nacional liderado por Cristina Kirchner, que ha sido revalidado en las urnas, y otro relato que no se puede menospreciar porque implica a mucha gente. Ese segundo relato es más confuso en sus formulaciones porque la oposición política que lo genera también lo es. La forma más patética de ese relato la dio Elisa Carrió y recibió su resultado en las urnas.

Durante estos diez años del siglo XXI me ha tocado viajar mucho por las Américas. Desde Canadá hasta Chile, fui viendo las transformaciones de este continente implicándome además, en los cambios de Argentina. De alguna manera es como si los espacios (Europa y el subcontinente sudamericano) hubieran seguido procesos en sentido inverso. No sólo por circunstancias que tienen que ver con el desarrollo del capitalismo financiero, que primero se cebó en nosotros y ahora hace estragos en el Norte. Sino también por la forma en que se enfrentan las situaciones, por el “acumulado” de experiencias vividas, por las creaciones políticas diferentes. Cuando Kirchner dio los pasos fuertes e indispensables que cambiaron la dirección del país, lo hizo porque era portador de un relato histórico que le daba marco teórico a su conducta y que era conocido, apoyado por millones de argentinos que habían sido “derrotados” treinta años antes, en la lucha por esos cambios que Néstor Kirchner empezaba a implementar. Millones sabíamos qué objetivos tenía y otros millones lo fueron aprendiendo. Esa construcción era hija del primer peronismo fundacional, de la Resistencia, de las lecturas de Scalabrini Ortiz y de Jauretche, de las reflexiones en la cárcel y el exilio, de lo que aprendimos con la derrota electoral frente a Alfonsín, del fiasco menemista, de todo lo que reflexionamos y escribimos sobre estos trances. El peronismo ha construido un modo de ver el país y el mundo, un modo original e independiente. Eso es lo que sustenta hoy, también, a la presidenta, además de los propios méritos. Se trata de una construcción histórica, colectiva que es sólida no sólo por lo mucho que se ha hecho en los últimos ocho años sino también por todo lo que se fue armando, consolidando desde hace 60, 70.

Europa carece, hoy, de éste reaseguro. Sólo los “indignados” cuestionan lo que nosotros cuestionamos desde la mitad del siglo XX. Los constructores de nuevas opciones políticas o de la renovación de las antiguas tienen que valerse de su propia experiencia; no hay una corriente histórica, un movimiento con continuidad que los guíe fluidamente. Los socialismos o socialdemocracias hace demasiado tiempo que se desviaron del camino de sus fundadores, los comunistas todavía están pagando los desastres de la Unión soviética.

Cuando veía a los jóvenes de las manifestaciones europeas, me sentía cerca de ellos pero inevitablemente los comparaba con los nuestros, que despliegan su belleza, su entusiasmo, su fuerza y sus alegrías, semana tras semana, felices de hacer política. Y me sentía muy afortunada. En Argentina seguimos construyendo un relato maravilloso, generación tras generación, con una mujer extraordinaria como puente.

8 comentarios:

nilda dijo...

hermoso texto.

profquesada dijo...

Es un texto extraordinario y te felicito Pibe por acercárnoslo. Solo un comentario que no opaca esa perfección. En europa, en muchos países incluído suecia, ojo mi conocimiento solo es de primera mano en España país en el que he vivido muchos años y respecto del cual coincido casi totalmente con la salvedad de que ya en el 2001 se veían las tendencias racistas y xenófobas que la autora percibió -como evitarlo- en el 2011. El otro punto es que Europa si tiene su relato pero le faltó el testimonio, hay un corte una interrupción luego de los 80 y la caída del muro de Berlín y el colapso soviético. Ese relato democratizador, liberador y antifascista que sacudió París en el 68, por ejemplo, se puede recuperar hay que buscar dentro de las capas geológicas por debajo de los detritus del estado de bienestar y su fracaso, pero ahí está esa memoria y ese relato que los puede sacar del atolladero en que se metieron por egoístas, ambiciosos, pedantes pero fundamentalmente ciegos.

Daniel dijo...

Hace diez años no me imaginaba ni en sueños que las cosas iban a llegar a este punto en nuestro país.
Pero tampoco que se iba a caer la aureola socialdemócrata. Ni menos en los países nórdicos.
En Finlandia, la derecha mas jodida ya tiene un tercio de los escaños.
Lo de Suecia me sorprende. Y Dinamrca tira bombas (los ingenuos y naif daneses) en el hospital de niños de Libia.
Eso ha sido prosperidad "de reparto" solo en lo económico. Por eso es tan importante la batalla cultural. Pero por la solidaridad, en serio.
Sino ocurre que los pueblos, solo pendientes del confort, cuando la cosa se les jode, acuden al racismo, la discriminación y el egoísmo.

profquesada dijo...

Daniel, ¿Me estaré volviendo siloísta? Coincido completamente con lo que decís, parece ingenuo, pero la UE en sus inicios era planteada como una unión política, un sueño, una utipía, pero que empujaba hacia el camino correcto. Fue limitada, porque a la derecha las utopías le parecen no sueños realizables sino delirios infantiles, y la derecha comandó el proceso de formación de la UE y lo redujo primero a un acuerdo aduanero y luego el gran paso, el pase de magia, el engaño. Cuando Francia y sobre todo Alemania podían conducir el proceso inventaron la unión monetaria y el euro. Justo "por casualidad" cuando los bancos alemanes y en menor medida los franceses dominaban europa. Los resultados están a la vista. La ultraderecha en europa que ahora está dentro del sistema a pesar del recuerdo nefasto de la guerra se prepara. La historia en eso es clarísima, la ultraderecha se hizo dueña de europa con la crisis del 30 y el nazismo tuvo sus aliados en todos los países europeos con la única excepción de Polonia cuya derecha se exilió en inglaterra y al país se lo repartieron como venían haciendo desde siempre entre Rusia (o la URSS) y Alemania. Los rusos eliminaron de una vez a 10000 oficiales polacos y no era por ideología era para aniquilar a un pueblo. Además necesitaron acaso probar que los judios dominaban la economía o la cultura alemana para aniquilarnos. Las pruebas son innecesarias basta con la declaración del que manda.

Pibe Peronista dijo...

Así es amigos, lo de la BATALLA CUTURAL es fundamental, no alcanza con ganar elcciones ni mucho menos con "climas de època". Vamos bien, sobr todo por reasentar raíces de un proyecto.

GRacias tambien de mi parte a Lidia, una de las compañeras con mayor claridad conceptual que conocí a través de facebook.

Saludos a todos

Daniel dijo...

Profe;
en el siloísmo se visualiza cual es el centro de la cuestión.
En la movida de bienestar europea fue el ser humano?
No; fue la guita.
Si el ser humano no es el centro de interés todo por mas bueno que sea se termina volviendo en contra.

ram dijo...

Una pequeña metida de cuchara - Sospecho que el "estado de bienestar" europeo, No fracasó - dejó de ser útil, que para nada es lo mismo.
Era la contracara al "Muro de Berlín" y la incapacidad soviética de fabricar heladeras o zapatos decentes (mientras sí podía fabricar tanques, misiles y Migs, que emparejaban cualquier cosa que les pusieran del otro lado). Una vez caída la URSS, ¿qué sentido tenía esa prosperidad generalizada?, esos obreros comprando BMW?, la importación de sudacas, turcos y morochos surtidos para hacer los laburos que a los "comunitarios" les resultaban de bajo nivel?
Con la caída del Muro, no se terminó la Historia, se terminó el tiempo del maquillaje del capitalismo salvaje, los europeos aún tuvieron la suerte de que les llegara a ellos a la hora del postre.

Pibe Peronista dijo...

Ram, coincido, un estado de benefactor ya concebido (adrede o no) como "descartable".