domingo, 13 de febrero de 2011

LA MECHA DE UNA REBELIÓN INFINITA


MUHAMMAD BOUAZIZI, un joven tunecino ya adulto, 26 años, frutero ambulante desde los 10 años, licenciado en informática desocupado, es decir sin acceso a “las posibilidades” características de los jóvenes integrados, pero ajenas para un habitante de los despojos planetarios. El 17 de diciembre debe afrontar una vez más, como cada día, la exigencia policial y/o municipal de “peaje” para poder ganar sus monedas. Se niega, policías de rutina voltean su carro y es abofeteado por una funcionaria, Feida, que lo increpa cuando avisa que los va a denunciar y se burla de Muhammad, aclarándole que es un “don nadie”. Humillado con el cachetazo femenino, Muhammad consigue un bidón de 5 litros de nafta y se lo echa encima, prendiéndose fuego.


(…) El impacto no se limita a su propio país, aunque en él haya sido inicial, radical y una bisagra histórica. Inmediatamente después de la trágica ofrenda de Bouazizi, estallan manifestaciones en Argelia y en Egipto.

(…) Una de las pruebas más fehacientes de la indignidad de los regímenes conmovidos por la acción de Muhammad Bouazizi es la seguidilla de promesas de los sátrapas en Egipto, Yemen, Jordania, Argelia, Marruecos… que no designarán a sus hijos como sucesores, ¿pero es que acaso eran monarquías hereditarias estas democracias liberales y pro-occidentales?, que bajan el precio del pan y la papa, ¿pero es que acaso estaban robando al pueblo?

(…) Hay que decir una vez más por qué el Magreb, el mundo árabe y, sobre todo, las áreas petrolíferas bajo la égida occidental, están saturadas de regímenes autoritarios, hipercorruptos, matonescos, racistas y genocidas. No es porque se trata de masas islámicas fanatizadas, como lo prueban todas las demandas planteadas en Túnez, Argelia, Egipto, todas políticas, laicas, democratizadoras. Lo que ocurre es que, inevitablemente si el centro planetario quiere disponer de bienes, recursos, alojados en la periferia, no puede permitir que quienes allí viven dispongan de ellos, para sí. A lo sumo pueden ser la materia prima de zona franca para remesar lo extraído. No puede haber reparto con los empobrecidos locales. Y no lo hay. Únicamente con el cuerpo de seguridad, simbólico o represivo, que les asegure seguir usando “las venas abiertas”. Del petróleo, entonces, la tajada de león para las multinacionales y la de zorro o lobo para el gobernante de turno. (…) El vínculo centro-periferia es ése: riquezas para los e
nriquecidos, palos para los empobrecidos y un fortunón para quien se queda allí cuidando el orden.

Fuente: Palestina Libre

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es un tema difìcil de analizar para los "analistas", porque la regiòn tiene características propias, es una granada sin espoleta pormnta a estallar en cualquier momento. Estoy 100% de acuerrdo com el último pàrrafo.

UN ABRAZO
FRAN